You don’t always die from tobacco.
Los publicistas de las tabacaleras han llegado a asegurar que fumar durante el embarazo no es malo, que el perjuicio de fumar es comparable al de comer hamburguesas o que el tabaco sólo te hace daño si padeces sensibilidad a sus componentes. En juicios ante el senado de EEUU negaron añadir amoníaco al tabaco para incrementar su adicción y años más tarde se descubrió que llevaban décadas haciéndolo. Usan símbolos atractivos para los menores de edad (como el camello de peluche de Camel, o pagar a las productoras de Hollywood para que los villanos de las películas fumen porque es con ellos con quienes se identifica gran parte del público juvenil) dado que es a esas edades cuando más fácil es captarles. Personas que antes trabajaban para esas compañías han sido amenazadas de muerte para evitar que hablen sobre los procesos de fabricación de cigarrillos.
Pese a todo, cuando una persona en silla de ruedas y con pocos años de vida por delante demanda a los magnates del tabaco pidiéndoles una ínfima fracción de lo que ellos ganan en un sólo día de no-trabajo, basándose entre otras cosas en las campañas de las tabacaleras para negar públicamente los riesgos del tabaco y las mentiras ante tribunales sobre sus ingredientes, siempre hay iluminados de bar apoyando al millonario y deseándole males al moribundo.
Asco de mundo.