Ha pasado casi un mes desde mi última entrada. Han pasado cosas, algunas buenas y otras no tanto, podría hacer un resumen pero tendría que ser tan críptico en muchos de sus puntos que casi nadie lo entendería. Así que escribiré a vuelapluma de lo que se me ocurra ahora mismo:
-Descubro gracias a el Orfanato que el cine español no está muerto. Hablo del cine de verdad, ese que impulsa a comprar la entrada, no al que sobrevive gracias a subvenciones y festivales para pijos en los que narrar la vida de un taxista es el summum del séptimo arte. Parafraseando a Fresnadillo, yo no quiero que me cuenten la vida de un tipo cualquiera, para eso ya tengo mi propia vida. Quiero que me cuenten algo extraordinario, que me sorprendan, que me diviertan, en definitiva, que me hagan salir del cine agradecido.
-Reorganizo mis prioridades, en muchos aspectos. Me doy cuenta de cuánto tiempo desperdiciaba por decir que sí a todo lo que me pedían, y lo poco que dedicaba a proyectos propios. En muchos aspectos. Virando 90 grados.
-Jornada de compras con Taz, Jean Grey, Speedy y ex-Homeless. Se confirma que las mujeres necesitan tres registros de una hora en cada tienda para saber que no hay nada interesante en ella. Como cuando hacen zapping, por cierto.
-Si de noche lloras por el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas. Tengo una estrella que da alas a quienes la contemplan, una estrella dormilona tan generosa como hermosa,otra cuya voz da envidia a los ángeles, otra que rompió mi Fe para bien, otra que me da ejemplo, otra que está siempre ahí pese a la distancia, y otras que no cito para no extenderme demasiado. Además estoy descubriendo más estrellas mientras contemplo el firmamento. No hay razones para llorar, sino para sonreir.
-Me vuelvo adicto a
, como resultado de resolver una petición de una amiga. Aparte de lo que ella me pidió, tengo cuatro pedidos más (tres para mi, otro es un regalo) en sólo una semana. Maldito consumismo…
-Lost, 24 y Heroes me demuestran, cada uno a su manera, que el cine de salas comerciales no tiene nada que reprocharle al televisivo. Especialmente la serie de J.J. Abrahams, que ya demostró lo que era capaz de hacer con la sobresaliente Alias, figura en mi Olimpo particular de maravillas catódicas.
Ahora he empezado con Galáctica, que promete mucho, muchísimo.
Ahora mismo no se me ocurre nada más. Intentaré ser más prolífico desde ahora.