
Con los líos de la mudanza, uno no tiene tiempo ni de pararse a escribir. Pero no quiero que esto esté demasiado abandonado, así que rellenaré una entrada con los pensamientos inconexos que asaltan mi mente.
Recuerdo mi primera comida en el Wok, hace un mes más o menos. Al final me saturé de helados y café, y casi no llego vivo al curro. Hablando del cual, cada viernes las compañeras vienen más arrebatadoras.
- “Ozi les ha enseñado lo que es el miedo“. Primera oleada de fórmicos rechazada.
La sutileza de quienes son sólo marketing es cada día más difícil de soportar. Déjame con mis exabruptos y mi nula diplomacia, y quédate con tu fingida educación. Simpatía y diversión que enmascara el egoismo pueril de pijos únicos a los que sólo se llega a conocer cuando se convive con ellos.
- “El Photoshop es como las cebollas. Tiene capas“.
Espero que no sigas adelante, perdería una gran colaboradora. ¿Mediocre? Eres brillante, única. Merecerías desayunar todos los días tortilla de huevos de Fabergé.
- “¿Me tuneas la tarjeta?”
La competencia es buena, me dijo, y tenía razón, aunque sólo para quienes pueden competir. Cuando una amiga mia sube a recoger un premio literario, es curioso que haya quien hace comentarios sarcásticos sobre su atuendo. Hay quien presume de lo que puede comprar, y quien presume de lo que puede hacer. Me alegro de ser del segundo grupo.
- “¿Crees que un niño se traumatizaría por ser enterrado vivo?”
Cada vez que me llama, tiemblo. Cada vez que ella ve una llamada mía, teme lo peor. Veremos.