Segunda Temporada

20 March, 2007

¡Recordad, ráfagas cortas y certeras!

ráfagas

Los últimos meses ha habido muy escasa actividad en este blog, pero eso va a cambiar. He decidido modificar mi estilo, actualmente abocado a mensajes largos y un tanto plúmbeos que colgaba de higos a peras, llevándolo hacia textos más ligeros y frecuentes.

Creo que será mejor para todos, escritor y lectores. Aparte, unos temas breves:

signalDo not offer anal sex to terrorists. You will regret it afterwards.

A veces los iconos con los que se pretende transmitir ciertos mensajes, como los que figuran en el metro o autobuses, en cines y supermercados, o las advertencias de peligro, pueden ser malinterpretados. Atentos al siguiente link (en inglés): Parody

Censura

En esta época de corrección política (para algunas cosas, claro) resulta difícil que una campaña publicitaria que se salga de lo corriente no tope con el escollo de algún censor empeñado en coartar la libertad de expresión con la excusa de proteger a alguna minoría o colectivo que, en la mayoría de los casos, no necesita en absoluto ser defendido. Ojo, que estoy a favor de controlar ciertos excesos, pero no hasta el punto de absurdo al que estamos llegando. La polémica suscitada por las últimas campañas de D&G o Armani no es nueva, siempre habrá quien pretenda exorcizar los males de la sociedad sin reparar en algo tan obvio como que dichos males anidan, realmente, en su mirada.
Es el caso de este divertido spot de Coca-Cola, denunciado al poco de aparecer por no sé qué colectivo valenciano por faltar al respeto a la figura de la Fallera Mayor. Juzguen ustedes si era para tanto. Mundo de locos.

watchmen

En este pantallazo del trailer de 300, cortesía del amigo Namuras, podemos ver a nada menos que Rorschach, el desequilibrado vigilante que forma parte de los Minutemen, el grupo de superhéroes protagonista de Watchmen. Es éste el siguiente proyecto de Zack Snyder, realizador de la mencionada película sobre la batalla de las Termópilas.
No sé cómo piensa hacerlo, pero desde ya vaticino un rotundo fracaso, al menos en lo que a fidelidad al original se refiere. Condensar las más de 300 páginas repletas de complejidad argumental y formal de dicha obra en tan sólo dos o como mucho tres horas de duración, me parece insensato. Terry Gilliam exigió cinco horas para su adaptación, y se lo negaron; y aún así creo que no le habría dado tiempo a adaptarla correctamente. El propio Moore aconsejó a Gilliam que no lo intentara, por cierto.
Aún así, mi parte más friki no puede evitar desear ver en carne y hueso a Dr. Manhattan, Búho Nocturno, Ozimandias y demás iconos del noveno arte. Seguramente será un desastre, pero un desastre que no pienso perderme.

18 March, 2007

El Viaje.

Filed under: Personal

1. Del azaroso viaje a Madrid y de cuantos hechos acontecieran en el mismo:

viaje

Ocurriera que la Sra. Robinson, fermosa musa y divinidad canina en sus ratos libres, y quien suscribe, aprendiz de escriba y artista frustrado a tiempo completo, partieramos raudos a la aventura de visitar la capital del reino. Poco sospechabamos las vicisitudes que encontraríamos allí.

La sra. Robinson mostróse meticulosa, preparando un completo arsenal que guardase en su Equipaje de cientos de patas, que dicharachero y fiel la siguiera adondequiera que ella se desplazara. Quien esto escribe, por el contrario, confió más en su instinto y resolvió viajar ligero.
Poco después de comenzar el viaje encontramos una compañía de teatro que, en pos de unas nimias monedas con las que poder despachar las quejas de sus estómagos, recitaron con sumo oficio el simpar romance de Stiller y Aniston, también bautizado por el vulgo como “Y entonces llegó ella”. Pero, ay, no era su lengua la nuestra, y ante la tesitura de asistir a una representación de la que perderíamos matices imprescindibles, acordamos evitar la obra, no sin antes hacerles partícipes de nuestra dicha debida a su presencia.
Adondequiera que se viaje es útil conservar unas normas básicas de higiene, pues el Diablo se vale de la suciedad y el moho para embestirnos, y no es bueno ponerle las cosas fáciles. Me admira, sin embargo, el valor de cuantos caballeros encontrárame en las letrinas del viaje, pues con suma gallardía tentaban a la Bestia negándose a raspar sus manos tras mingitar. A sabiendas de los riesgos que asumían, tan garbosos viajeros optaban por ahorrar tiempo para permitir a los demás nómadas usar las dependencias sanitarias del lugar. Avergüénzome de retrasar a quienes tuvieron la desdicha de llegar tras de mi, pues hicéles esperar con la torpe excusa de asear mis manos, cobardía propia de quien desea asegurarse de que el Innombrable no encontrará via fácil con la que contagiarme de la bicha, el lupus o la peste. Cuánto tengo que aprender.
Sea como fuere, llegamos cansados pero dichosos a la capital a tiempo de reunirnos con la gentil dama Grefu, de tan refulgente belleza que obraba en nosotros a modo de reconstituyente bálsamo de Fierabrás. Antes de retirarnos, advirtiónos con aplomo sobre el Laberinto del Metro, mazmorra plagada de deformes trasgos en la que no pocos se han perdido para siempre.

2. De la estancia en tan arriesgado lugar y de las personalidades que halláranse en el mismo:

orcos

Tras adecentarnos y recuperar fuerzas en la posada, nos dirigimos al punto de reunión pactado con Grefu. Pero las fuerzas del Caos son ladinas, y disponían de medios para intentar paralizarnos con los que no contábamos; un hervidero de orcos desplegóse ante nosotros, portando estandartes y recitando mantras de la temible Orden de la Jauría. Rodeados y desarmados, decidimos no permitir que nos detuvieran, y avanzamos con -temor pero sin pausa atravesando sus falanges. Cuando ya especulábamos no ser capaces de alcanzar nuestro destino, logramos rebasar el extremo final de sus huestes, y pudimos por fin refugiarnos en el Templo de Atocha, donde agradecimos el resguardo orando en el Altar de las Palabras.
Tras lo que parecieron eones, salpicados de idas y venidas de gentes de toda condición, incluidas jovencísimas meretrices que torpemente trataban de disimular su labor adornándose con sus mejores galas, la dama Grefu apareció por fin.
Transitamos hacia el castillo de Fnac, donde soldamos camino con la Trovadora, que gentilmente recogió el legajo con plumas y espadas que me encomendó transportar desde el feudo de Bizkaia. Con la satisfacción del deber cumplido, proseguimos la marcha. No está de más mencionar el encuentro con los sectarios de la Iglesia del Abrazo Libre, que en un alarde de generosidad nos ofrecían su calor. Descansamos nuestros caballos y gaznates en una hacinada cantina y aproveché para ponerme al día de las novedades del reino editorial de los bellos labios de la siempre deseable Trovadora.
Desgraciadamente, el mapa comprado por la Grefu a un mercader local resultó ser falso, por lo que vagamos por los más lóbregos callejones de la urbe, contadas nuestras provisiones y escaso nuestro armamento. Adempero la siempre bienvenida ayuda de otro viajero nos puso en el camino correcto, a tiempo de congregarnos con Miranda la Alquimista, capaz de trocar incomprensible plomo sajón en asimilable oro castellano.
La Trovadora hizo mutis para así cumplir otros compromisos, y el cuarteto resultante dirigióse a otro de los tugurios locales para cargar más brebaje en nuestras gargantas. Tan grata compañía nos eran ambas lugareñas, que amplio dolor quedó en nuestros corazones con su partida. Enjugadas las lágrimas, seguimos investigando los calabozos del lugar, donde topamos con seres de lo más extraño: el Mercurial Enviado del Caos transmutado en viril dama, la Esbelta Amiga, y un parejo al Creador de Hombres-escarabajo, entre otros. Tras saturarnos de visiones febriles, olores infernales y sonidos atronadores, tornámosnos a nuestro refugio a reponer fuerzas para el siguiente día.

3. De la segunda jornada y del incierto regreso.

grial

Tras cumplir las labores de aseo, gratas e intensas, exploramos la ciudad de día. Es curioso cómo la luz cambia la naturaleza de las cosas, pues parecióme que ni eran los mimos habitantes ni tan siquiera nos hallábamos en la misma urbe. Polvorientos manuales, portadas centelleantes, viñetas coloristas y barrocos retratos se disputaban el espacio a codazos en los puestos del mercado al aire libre que visitamos.
Avanzamos hasta el conocido como el Bosque del Retiro, repleto de verde abajo y azul arriba, de nítido lago y confortante sombra, donde las hadas conviven con los sátiros que las acechan y la más vulgar comida se torna manjar. Pronto retornaremos a tan mágico vergel, en mayo, cuando los manuscritos se tornen tesoros y los humildes escribas sean por unos días los héroes. Pronto.
Tras media jornada de exploración, y casi fracasar en nuestra búsqueda del Parque Inexistente, localizamos el escondite del Grial, o como los aborígenes de la zona lo llaman, “el sacrosanto frapuccino de mocca y naranja”, delicioso néctar que trastorna temporalmente los sentidos; dulce mezcla con gusto a luz y aroma a arcoiris.
Con su regusto a cielo despejado en nuestros paladares, afrontamos el regreso sin pesares ni dudas, y así fue como llegamos sin mácula alguna a nuestros hogares.
Sólo queda una labor, glosar la gesta con una canción que repetida sea por generaciones. Pero como quiso el destino que ningún talento de bardo me fuese confiado, me limitaré a resumirlo en un microrrelato:

Nadie lo vio venir; la lluvia de corderos dejó los techos de los coches y los tejados y azoteas perdidos de sangre y lana”.

Cíerto es que este microrrelato no es exactamente fiel a la realidad, pero ¿qué crónica lo es? Me despido por ahora, prometiendo mejor cuidado de este vuestro blog, oh gratos visitantes.






















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