Pesadilla

He tenido una pesadilla.
Era un donut humano; una fláccida, hinchada y voluminosa rosquilla de carne rodeando un núcleo vacío y gélido. Mi hueco centro de gravedad y yo marchábamos alegres, ignorantes de la felicidad a la que inconscientemente renunciábamos.
Entonces ocurrió algo inesperado: un corazón cálido, rojo, pulsante apareció en nuestro camino. Mi Vacío tembló, gruñó y me arañó, pero no me detuve; avancé atraído por el vibrante fulgor del hermoso órgano, como polilla hipnotizada por luz artificial, lo sostuve en mis manos, pequeño y vulnerable, y lo introduje en mi centro. El Vacío chilló y pataleó hasta agotar sus fuerzas, celoso y desesperado en su negra maldad al saberse desplazado, y finalmente desapareció.
Desperté de mi pesadilla y busqué inseguro los latidos de mi corazón. Ahí estaban, uniformes y serenos, dando vida a mi cuerpo y fuerza a mi mente. Mi pesadilla duró treinta y un años, y terminó cuando encontré un Corazón que llenó mi vacío. Un Corazón brillante, fuerte, valiente y amable, mucho más valioso de lo que ella misma cree.
Gracias por despertarme de tres décadas de Vacío.



