Smell like teen spirit.

Vaya por delante que no he leido la novela en la que se basa esta estupenda película de Tom Tykwer, por lo que no puedo hablar de su fidelidad a la historia original. Pero en lo que a sus méritos exclusivamente cinematográficos se refiere, me veo obligado a autocensurarme para no escribir un tomo enciclopédico desglosando cada una de sus virtudes, ya que no quiero aburrir al lector. Me limitaré a exponer algunos de sus puntos más fuertes.

Para empezar, la puesta en escena es deslumbrante. Una de las principales dificultades de esta adaptación era transmitir al espectador las sensaciones percibidas por el protagonista, algo realmente difícil dado que su sentido más desarrollado y sobre el que gira toda su existencia es el olfato. Sin embargo, Tykwer sale indemne del reto, haciendo un uso soberbio de los dos únicos recursos a su disposición, las imágenes y el sonido, para provocar una sinestésica percepción de las fragancias y hedores varios que se describen en la historia. Los planos detalle abundan tanto que por momentos creía ver una peli de Cristopher Nolan.

Pero no sólo ese es el punto fuerte de la ambientación. Todo, desde el vestuario hasta los decorados, está realizado con exquisito gusto, y es imposible no maravillarse con los escenarios naturales o artificiales (retocados digitalmente, eso sí) o con interiores tan logrados como el laboratorio del perfumista Giuseppe Baldini.

El reparto es ejemplar. Aunque obviamente me habría gustado que el actor encargado de dar vida a Jean-Baptiste fuera el inicialmente previsto (Johnny Depp), no me quejo de la elección final. Aunque es cierto, como apuntan algunas voces disconformes con la elección, que el desconocido Ben Whishaw apenas gesticula en toda la película, eso no me parece un defecto, sino algo perfectamente comprensible en un muchacho que apenas ha tenido vida social en toda su vida, privado desde su nacimiento de las emociones básicas en un ser humano, desde el amor a la empatía. De hecho me gusta mucho el estilo lacónico, no confundir con inexpresivo, del personaje, pues una vez avanzada la película ya podemos descifrar sus emociones o pensamientos a partir de levísimas, casi imperceptibles, alteraciones en su rostro; una leve mueca, amago de sonrisa, es lo más que veremos para expresar su felicidad en algunos momentos del film, y eso será más que suficiente para el espectador atento. El histrionismo extremo de actores más conocidos y celebrados no casaría en absoluto con este personaje.

Dustin Hoffman, a sus 70 años, sigue dando lecciones de interpretación en su papel del maestro Baldini. Pese a tratarse de un ser aparentemente patético, Hoffman logra darle dignidad y humanidad, convirtiendo lo que podría haber sido un secundario plano de comedieta en un personaje con enjundia.

Fiel a mi costumbre de saber lo menos posible de las películas que sé que veré, desconocía lo que fue una grata sorpresa: la presencia del nunca suficientemente alabado Alan Rickman, uno de mis actores favoritos, encarnando a Antoine Richis. Como de costumbre, el excelente actor británico se adueña de la pantalla en cada segundo en que aparece en ella, eclipsando todos los demás elementos en escena. Sublime.

Mención especial a la belleza de las mujeres que van desfilando por pantalla. El encargado del casting debió ser muy feliz. Su esposa quizá no tanto.
Este proyecto pasó por muchas manos antes de caer en las de Tykwer. Antes de fallecer, Stanley Kubrick ya se planteaba dirigir esta adaptación; posteriormente estuvieron a punto de llevarlo a cabo los directores galos Jean-Jacques Annaud y Jean-Pierre Jeunet y el americano Julian Schnabel. Finalmente fue el alemán Tom Tykwer, director de películas tan recomendables como la hiperdinámica Corre Lola Corre o la emotiva La Princesa y el Guerrero (ambas protagonizadas por Franka Potente), quién se hizo con las riendas de esta superproducción europea.

Me despido ya para no aburrir a las ovejas, insistiendo eso sí en que no desperdiciéis la oportunidad de verla en pantalla grande, que es donde una película de estas características debe verse. Recomendada sin duda alguna.
Yo sí me leí la novela hace tiempo y por lo que recuerdo (y subrayo “por lo que recuerdo”) la adaptación más que fiel es fidelísima.

La película me ha gustado un montón, al igual que a ti. Alan Rickman también es para mí uno de esos actores que siempren llenan la pantalla por pequeño que sea el personaje, aunque cuando lo veo siempre me permito una leve sonrisa imaginándomelo diciendo “¡Por el martillo de Grabthar!”
Para mí la película tiene un único “pero”, y es la voz en off, que aunque es evidentemente necesaria en algunos momentos, sí me pareció que se abusaba un poco de ella, sobre todo al principio. Hay varios pasajes de la película en los que la fuerza de las imágenes habla por sí misma y el narrador no hace más que remarcar lo obvio, y otros fragmentos en los que algún añadido visual hubiera bastado para sustituir frases de la narración.
Pero esto no deja de ser una apreciación mia. No es que desmerezca la película ni mucho menos, sólo que me distraía en algunos momentos de la experiencia visual porque mi mente se empeñaba en imaginar cómo hubiera sido la mejor manera de resolver una escena para no tener que apoyarse en el narrador. Será simplemente que últimamente estoy muy pejigueras
Por lo demás, como digo, una muy buena película, y muy recomendable para ver en cine, como bien apuntas, dada la tremenda belleza de todas las escenas.
Escrito por David Caparrós -namuras- — 8 January, 2007 @ 8:54 pm
ya sabes lo que opino de la pelicula. como la vimos juntos… mi cara al final de la proyeccion era un poema. quiero el DVD yaaaaaaaaa!!!!!!
Escrito por sra robinson — 9 January, 2007 @ 12:15 pm