Segunda Temporada

17 May, 2006

Juntaletras

Escribir

Volví a escribir. Llevaba meses sin ser capaz, bloqueado, confuso, frustrado, nervioso… y volví a escribir hace poco. Y sigo escribiendo, a un mínimo de un microrrelato por día. Mi mente se despeja poco a poco. Funciona. No tenia esperanza, y lo cierto es que aún es pronto para saberlo ya que esto es algo a largo plazo, pero de momento parece que funciona. Nunca seré capaz de agradecer lo bastante a una de las personas que más quiero por ponerme sobre la pista de la solución.

Soy un pésimo escritor, lo sé, pero no aspiro a ser profesional así que me la traen floja mis carencias. Escribir relaja y anima, con eso me basta. Así que no juzguéis estos relatos con la dureza que merecen, sino como una simple celebración de la desaparición de un bloqueo. El primero, espero, de muchos.

1 - Ley y orden

Siendo ciego y paralizado de cuello para abajo, su prodigiosa voz era su única compañía y consuelo, que le fue arrebatada cuando un representante de la Sociedad de Autores puso fin a su abuso de melodías y letras licenciadas cortándole las cuerdas vocales.

2 - El rey del mundo

Era el más fuerte, el más grande, el temible; todos le respetaban y temían, el patio de recreo era su reino, los demás niños éramos sus súbditos, y su reinado continuaba en las pesadillas de sus víctimas. Hace poco volví a verle, me pareció tan pequeño y vulnerable… le di unas monedas para que pudiera llevarse algo a la boca.

3 - Cosas de enamorados.

Nadie le dijo nada, pero de alguna manera intuyó que lo que sorprendía y escandalizaba a sus amigos, compañeros de trabajo, vecinos y conciudadanos no era que amara tanto a su esposa que no fuera capaz de separarse permanentemente de ella, sino que para lograr tal fin llegase al extremo de cortarle su mano izquierda y llevarla siempre colgada del cuello.

4 - Ella lo sabe

Cuando él sonríe sin razón aparente, ella sabe que le hace feliz con su sola presencia. Cuando él la mira y después esquiva su mirada, ella sabe que él se avergüenza al contemplar sus hermosos ojos. Cuando él queda mudo y triste, ella sabe que él no alberga esperanzas de compartir su vida. Cuando él es transparente como la mirada de un niño, ella sabe que la ama.

5 - Crónicas de guerra.

Hecho sin precedentes, los soldados de ambos bandos arrojaron sus armas al suelo y se reunieron en tierra de nadie para entablar amenas conversaciones con las que dilucidar qué parte tenía la razón, hallando tras varias horas que toda parte tenía sus razones así como su parte de culpa, y resolvieron tras un multitudinario apretón de manos que a partir del día siguiente siempre colaborarían en resolver sus mutuas necesidades amistosamente.
El general despertó de su pesadilla empapado en sudor.

6 - Felices para siempre

La celebración de sus bodas de plata se llevó a cabo sin incidentes, obviando la irrupción, rápidamente corregida a la fuerza por la numerosa descendencia de la pareja, de un inoportuno inspector de sanidad que se obstinaba en decir que si iban a mantener en una casa particular los cuerpos de ambos cónyuges, al menos deberían embalsamarlos.

7 - Vacía

No puedes celebrar tu éxito, aunque querrías. No puedes demostrarle al mundo cuánto has mejorado. Nadie lo ve; sólo perciben el olor de las llagas en tus dedos, cuyas huellas dactilares has quemado como un futuro genio criminal de película. Sólo ven los blancos mástiles pugnando por salir a flote de entre tu fláccida carne. No prestan atención a nada que no sean tus amarillentos cortadores, tu rostro mutante o esos cambios de humor que ya no pueden achacar a tus ahora inexistentes visitas mensuales.
Sabes que deberían felicitarte, que estás alcanzando la perfección expulsando tras cada comida esas partes que no te gustan de ti. Y poco a poco te vas quedando vacía.

8 - Protesta

No sólo llegaba tarde, sino que sus nervios se crispaban debido al estridente escándalo que entraba por sus ventanillas. Manifestó su repulsa al creciente bullicio haciendo sobar su claxon una y otra vez; a su alrededor, cientos de conductores hacían lo mismo.

9 - Gourmet

No es comer carne a diario lo que me molesta, cariño, sino el hecho de que no te tomes la molesta de desnudar antes a los ingredientes - le decía un tanto irritado a su esposa mientras depositaba en el plato un ensangrentado alfiler de corbata.

10 - Recuerdo

No fue su beso, ni el rubor en sus mejillas, ni la forma entrecortada de decirle “no quiero que te vayas”, palabras sin duda más bellas que un trillado “te quiero”. Fue el acto de generosidad extrema que supuso usar el cutter. Nunca antes una mujer le había entregado así su corazón, y recibió la víscera tan estremecido como sorprendido. Fue entonces cuando supo que ella le amaba tanto como él a ella.
Deseó atesorar este recuerdo que de alguna manera serviría para soportar mejor la idea de que ella nunca sería suya en el mundo de la vigilia. Pero al despertar el recuerdo se disipó, como ocurría con todos sus sueños. Se pasó todo el desayuno con ganas de llorar, sin poder imaginar por qué.

11 - Última llamada

Él tenía las manos sudadas por el calor y la tensión provocados por la discusión de esa mañana. Ella siempre le grita y un rato después le llama para pedirle disculpas, rutina que él estaba empezando a odiar. Oye el estridente sonido de la sierra eléctrica con la que tratan de separar el humeante metal, y trata de aclarar su mente. Difícil empeño cuando la presión sanguínea baja a ritmo alarmante. Nota las manos húmedas y pegajosas, trata de abrir los ojos. En su mano derecha está el móvil, tiene una perdida. Es pequeño, ligero, de última generación, regalo de ella. La echa de menos al darse cuenta de que no volverá a verla. Te sacaremos de ahí, le dicen, tranquilo. Está tranquilo. La incertidumbre genera nerviosismo, la certeza de la muerte tranquiliza. Lamenta la pelea que tuvo lugar poco antes de que él cogiera el coche, enfadado y frustrado. Antes de coger la autopista por encima de la velocidad permitida, antes de sobresaltarse por el timbre, de que el pequeño móvil resbalase de sus húmedas manos al suelo. Antes de pasar once largos segundos con la cabeza hundida tras el volante tratando de alcanzar el escurridizo aparato.






















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