Sesión continua
Hoy tuvimos sesión continua de cine, dos pelis que adelantan la temporada de maratones que se avecina. Estoy cansado así que seré más breve de lo que se podría esperar de una de mis críticas.
Dean Koontz escribe, daaptando su propia novela, el guión de este mediocre film de terror protagonizado por Ben Affleck. Algún susto interesante, algunas situaciones o imágenes aceptables y la aparición de Peter O’Toole no salvan un largometraje lastrado por unos diálogos aburridos y tópicos, unos actores que parecen pensar en otra cosa mientras actúan, una dirección rutinaria y una trama carente de sorpresas, pese a que la novela original no estaba nada mal. Una pena, podría haberse rodado una película diez veces mejor partiendo de esta idea; es más, una de las subtramas eliminadas en el film es, precisamente, la clase de añadidos “comerciales” que se suelen incluir en las adaptaciones cinematográficas de libros para darles más interés. Que alguien me lo explique.
Chen Kaige dirigió el año pasado esta cinta de amor, acción y drama. Aparte de descubrir en ella la belleza de la actriz Cecilia Cheung, la película nos ofrece una galería de imágenes impagables, la mayoría de ellas plagadas de efectos especiales (tanto que a veces llega a cansar), de entre las que destaco la impresionante Diosa del principio y el pasaje de la Tierra de la Nieve. Una pena que dichas imágenes no estén hilvanadas por un guión más sólido. Pese a algunas ideas interesantes, no deja de adolecer del mismo defecto de otras cintas de este estilo, como la Casa de las Dagas Voladoras: personajes planos, esquemáticos, sin carisma, recitando diálogos pomposos; a ver cuándo aprenden los imitadores de Ang Lee que el éxito de Tigre y Dragón no sólo se debía a la belleza de sus imágenes o a sus impecables escenas de acción, sino al meticuloso tratamiento de los personajes, que es lo que en última instancia provoca la empatía hacia ellos y aumenta el valor emocional de los hechos que acontezcan a lo largo del film.
En definitiva, una buena película para deleitarse con sus imágenes, pero con cuidado de no prestar demasiada atención a su guión.