Jornadas II: The friki strikes back!

El viernes estuve bastante cansado a la tarde, así que pensé en quedarme en casa en lugar de ir a las jornadas o a la fiesta friki j-pop (de ir, iría a alguna de las dos, no a ambas).
Pero me dije, qué diablos, por probar no se pierde nada, siempre puedo volverme antes de tiempo. Así que me dirigí tras quitarme el cosplay al antro de perversión conocido como Centro Cultural No Sé Qué. Allí me encontré con el Helado y el Peluche, que andaban filosofando con H sobre cine casposo y tal. Rápidamente (es decir, tras un larguísimo rato intentando coordinar sus movimientos, pues es sabido que el frikismo es enemigo de la movilidad) logramos trasladarnos a la sala de proyecciones donde nos esperaba el terrible Japanarama, ordalía de escatología y vergüenza ajena que pocos podrían soportar estoicamente, de no ser por la barrera psicológica que construimos, con comentarios jocosos a modo de ladrillos.
Luego nos unimos al Dragoncillo (con su cosplay de Fresita), la Peque Psicópata (con su genial cosplay de House), y algunos más para ir a Bilbao (sí, en este punto me eché atrás de lo que pensé sobre no ir a ambas fiestas), y puedo decir sin temor a equivocarme que es el viaje en metro más surrealista y escandaloso que he tenido nunca. Lo siento por los dos rezagados, pero no iba a quedarme yo a esperarles cuando todos los demás estaban ya montando; además, no les habrá venido mal estar un rato solitos.
Luego botellón en Plaza Nueva y viaje al Darkhold a participar en la fiesta friki j-pop de la noche. De este evento guardo varios momentos en mi memoria:
-Primero, conocer mejor a Miss, mediante una conversación larguísima sobre todo tipo de temas que llegó a preocupar a algunos de sus amigos (debían pensar que le metía fichas).
-La conga, siempre el punto fuerte de esas fiestas.
-Qué bien baila. Intentaba no mirar demasiado fijamente, pero me resultaba difícil.
-Lo poco que nos podemos fiar de ciertos conductores, lo que obligó a Miss, a Bunny y a mí a compartir un taxi hasta Santurce, y encima recibimos después de llegar una llamada del conductor que teóricamente iba a llevarnos. No vuelvo a perder el último metro.
-¡Las gafas alucinógenas de Buscanicks!
Total, que llegué a casa a las cuatro y media de la madrugada, cuando teóricamente iba a estar como muy tarde a las dos, ya que me levantaba temprano al día siguiente.
Continuará…